Cadena 

Hace un par de meses escribí una nota sobre lo frecuentemente desagradables que son las cadenas nacionales. Llámese abuso de poder o “necesidad de mantener informado al pueblo”, estos espacios que utiliza el soberano gobierno para informar se han vuelto como anuncios publicitarios: comunes y repetitivos.

Ahora no es extraño que encienda su televisor y se encuentre a cualquier hora con una cadena nacional. Como comunicadora no estoy en contra de ellas, creo que es vital mantener al pueblo informado sobre la problemática del país y sobre todas las decisiones que se toman en el poder. Sin embargo, y sin ánimos de herir susceptibilidades, creo que estas han perdido la beligerancia que antes tenían. Porque antes estos espacios eran usados para notificar aspectos importantes, ahora cualquier nota que se publica en un periódico o algo que se dice en una radio o en un noticiero es causa de una cadena nacional.

El jueves pasado se sintió en Honduras un sismo de 7.1 grados en la escala de Richter y a las 7 de la mañana hubo una cadena nacional. Por un momento pensé que el distinguido señor presidente de la República se dirigiría a la población con un mensaje de aliento, de calma, de ánimo o de información sobre lo que en ese momento estaba aconteciendo. Sin embargo, no fue así.  Se trataba de una cadena para desvirtuar lo que se había dicho en algún medio de comunicación. Debo confesar que no la escuche a cabalidad, pero lo poco que pude oír me hizo entender que no se trataba de algo importante.

Lo peor de todo es que suspenden la señal del cable y todas las radioemisoras tienen que unirse a la cadena, no hay para donde escaparse. No queda de otra, más que aguantarse el discurso, apagar la televisión o en su defecto, poner a sonar un buen disco de música. Pero ¿es que acaso no hay nadie que les diga que aspectos se deben de tocar en las cadenas? ¿o es que nadie les ha dicho lo molesto que resulta el que a diario se interrumpa la programación para escuchar temas que carecen de valor e importancia?

Este es el primer, segundo o tercer llamado a todos los asesores del presidente para que se den cuenta que ahora muy poca atención les presta el pueblo a las cadenas nacionales.

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